La madre, la monja y la zorra

Hace unos años en una formación, una psicóloga nos habló de estos tres arquetipos, nos explicaba la lucha entre ellos. Son muchas las mujeres que en terapia individual me cuentan que se les instala un sentimiento de culpa, de miedo a comportarse como mujeres libres. Como si apareciera una “monja” que llevan dentro llamándolas “zorras”.

Hace poco fue una mujer joven, recientemente separada, es inteligente y bella, le cuesta permitirse disfrutar de su libertad tras unos años muy difíciles en su matrimonio.  Hablando de las diferencias entre hombres y mujeres me daba esta opinión que comparten muchas mujeres: “Ellos al separarse no sufren esos sentimientos de culpa, de no ser adecuados y correctos, al contrario se les considera unos machotes si tienen muchas experiencias. Nosotras somos catalogadas de mujeres desesperadas, de frescas, de promiscuas, de zorras”. Y lo peor de todo es el propio juicio, esa monja que llevamos dentro, forjada por comentarios escuchados desde niñas y adolescentes, dichos sobre todo por nuestras madres y abuelas.

También a la hora de establecer relaciones las mujeres dejan de ser espontáneas cuando se encuentran con el miedo: miedo a que se piensen que busco una relación estable, miedo a que crea que al no buscarla soy una zorra, miedo a que después del sexo no quiera saber nada de mi, etc..

A continuación un texto encontrado en internet donde refleja este tema, resaltamos la frase “defiende tu brillo”.

 

Te piden prudencia.

Que no le escribas aunque te apetezca mucho.

Que no note que te gusta.

Que te hagas la difícil porque si no se cansa de ti.

Que para engancharle, como si el amor fuera una trampa, tienes que pensar que no te tiene o que puede perderte.

Te piden que uses una estrategia romántica.

Que hagas como que te da igual.

Pero es que no te da igual para nada.

¿Cómo te va a dar igual si te sientes sumamente viva?

Tú lo que quieres es abrazar y besar y gritar que estás enamorada a todo el mundo.

Pero si lo haces pareces una desequilibrada.

Porque te dicen que el equilibrio es guardarte lo que sientes.

Y hacer como si no pasara nada.

Que te tragues el amor.

No sea que vayas a espantarle.

¿Cómo puede alguien temer al amor?

Si el amor es lo único que sobrevive.

Lo único que quedará en otros después de irnos.

Sí el amor es lo único que vence a la muerte.

Simulamos ser otras personas.

Unas cínicas a las que parece no importarles que las demás las quieran o no.

Unas sobradas que dicen que hay miles de peces en el mar cuando lo que quieren decir es te quiero.

A ti.

Pero nos silenciamos.

Y las palabras se nos quedan flotando por dentro.

Enmohecidas.

No te calles el amor.

Nunca.

Porque el amor eres tú de puntillas.

Eres tú recogiendo todo lo que has sido y mostrándolo.

Eres tú talando la mala hierba.

Eres tú en carne muy viva.

Eres tú geolocalizando tus cicatrices.

Eres tú latiendo en medio de toda la existencia.

Y si la otra persona se asusta de eso.

Se asusta de lo que eres y ofreces.

Es que se cree infinito.

Se cree inmortal.

No dejes que te venzan y te conviertan en alguien que no hace las cosas por lo que piensen de ella.

No dejes que te construyan opacos los ojos.

Defiende tu brillo.

Y no dejes para mañana.

Lo que puedas hoy amar.